2.1.05

In the chalet

Por fin pasaron ya las dos enormes cenas de diciembre y estamos ya en el nuevo año. La de Nochevieja no la pude disfrutar tanto como la de Nochebuena, porque el virus de la gripe que anda pululando había hecho efecto sobre mí el lunes, así que para el viernes no estaba la cosa 100% recuperada. Por ejemplo, preferí no beber cerveza (viendo lo que esperaba en el chalet además) y no me hinché demasiado, comparado con lo que me gusta a mí. Pero bueno, de todas formas estuvo bien, y para la 1 ya estaba yo en el sitio acordado y Virgi me recogía con el coche para empezar la juerga. El clan lo formábamos esta vez: Virgi (anfitrión), el Tito, Sydney, Pep, Nana y yo.

Después de llegar al chalet y acoplarnos todos en cada habitación, cada uno con su montón de mantas correspondiente, nos pusimos a empinar el codo. Hacía un frío enorrrrme, hace ya que no pasaba yo tanto, así que encendimos el fuego y allí todos pegados a la chimenea. El primer tema que sonó para todos en 2005 fue “New Year’s Day” de U2, de una época cuando este grupo todavía hacía música. Y después sonaron muchas cosas, aunque todas traídas por los demás. He decidido ya no llevar jamás mi música a estas fiestas, porque no le gusta a nadie y se ponen a gruñir y no sé qué y no sé cuánto, así que tengo una gangarrera menos. Lo que sonó esa noche fue lo de siempre más o menos: U2, Metallica, Héroes, Pearl Jam, Red Hot, etc.

Eran las 6 de la mañana y, fieles a nuestra costumbre, había que darse una vuelta por la urbanización. Yo me iba a llevar la guitarra pero fue salir y notar el frío y dejarla dentro otra vez. No había nadie alrededor, si acaso Perry. La temperatura no sé cuál sería, pero sumando el frío en sí más la humedad, cuando volvimos a la casa nos metimos todos dentro del fuego prácticamente porque los pies no eran nuestros ya. Ah, mención especial para la tortilla de la madre de Pep, que yo todavía no había catado. Uffffffff...se trata de una doble tortilla y en medio tiene jamón de York y queso en tranchetes fundido. Vaya cómo me puse de tortilla antes de irme a la cama. Así para las 7 de la mañana o algo así me fui a la cama, donde la novia ya reposaba fritica, aunque no sé para qué, porque hacía tanto frío que no sentía ni los pies ni nada, y no dormí más que dos o tres horas. Mi acompañante de cama sí que durmió algo más, por algo le llamaron alguna vez marmota.

Al día siguiente más de lo mismo: comiendo spaghetti, tarta de queso, bebiendo, y tonteando en general. Tanto la comida como el tonteo se lo debemos a mi inefable Nana, que nos salvó de morir de hambre estando rodeados de comida, que debe de ser de lo peor que hay. ¡Gracias tontilla! Bueno, hubo quien se durmió en la parra y no llegó a probar los spaghetti, jeje. Pero bueno, la mayor alegría de esto es cuando llegas a tu casa, te duchas (dio tiempo a que Nana me pelara ayer y todo) y te acomodas ya limpio. Es que no hay precio para eso. Y ya cuando te metes en la cama y duermes 12 horas para recuperarte...¡oh!


Tom Waits – In The Neighborhood



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